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"Pues amamos la
belleza con poco gasto y la sabiduría sin relajación; y utilizamos
la riqueza como el medio para la acción más que como motivo de
jactancia, y no es vergonzoso entre nosotros confesar la pobreza,
sino que lo es más el no huirla de hecho. Por otra parte, nos
preocupamos a la vez de los asuntos privados y de los públicos, y
gentes de diferentes oficios conocen suficientemente la cosa
pública: pues somos los únicos que consideramos no hombre pacífico,
sino inútil, al que nada participa en ella, y además, o nos formamos
un juicio propio o al menos estudiamos con exactitud los negocios
públicos, no considerando las palabras daño para la acción, sino
mayor daño el no enterarse previamente mediante la palabra antes de
poner en obra lo que es preciso. Pues tenemos también en alto grado
esta peculiaridad: ser los más audaces y reflexionar además sobre lo
que emprendemos; mientras que a los otros la ignorancia les da
osadía, y la reflexión, demora. Sería justo, por el contrario,
considerar como los de ánimo más esforzado a aquéllos que mejor
conocen las cosas terribles y las agradables, y que no por ello
rehuyen los peligros. Y en cuanto a nobleza de conducta, diferimos
de la mayoría en que no adquirimos amigos recibiendo beneficios,
sino haciéndolos; pues el que ha hecho el favor está en situación
más firme para mantenerlo vivo por la amistad que le debe
aquél a quien se lo hizo, mientras el que lo debe tiene menos
garantía, ya que sabe que ha de devolver el buen comportamiento no
como haciendo un beneficio, sino como pagando una deuda. Y somos los
únicos que sin poner reparos hacemos beneficios no tanto por cálculo
de la conveniencia como por la confianza que da la libertad. En
resumen, afirmo que la ciudad entera es la escuela de Grecia, y creo
que cualquier ateniense puede lograr una personalidad completa e los
más distintos aspectos y dotada de la mayor flexibilidad, y al mismo
tiempo el encanto personal. Y que esto no es una exageración
retórica, sino la realidad, lo demuestra el poderío mismo de la
ciudad que hemos adquirido con este carácter: pues es Atenas la
única de las ciudades de hoy que va a la prueba con un poderío
superior a la fama que tiene y la única que no despierta en el
enemigo que la ataca una indignación producida por la manera de ser
de la ciudad que le causa daños, ni provoca en los súbditos el
reproche de que no son gobernados por hombres dignos de ello. Y como
hacemos gala con pruebas decisivas de una fuerza que no carece de
testigos, seremos admirados por los hombres de hoy y del tiempo
venidero sin necesitar para nada como panegirista a Homero ni a
ningún otro que con sus epopeyas produzca placer de momento, pero
cuya exposición de los hechos desmienta la verdad, sino teniendo
suficiente con obligar a todos los mares y tierras a ser accesibles
a nuestra audacia, y con fundar en todas partes testimonios
inmortales de nuestras desgracias y venturas."
(TUCÍDIDES. II,
40 - 41) (Doble espacio) |