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"En
efecto, en las ciudades que se gobiernan democráticamente, según la
ley, no tiene lugar el
demagogo1, sino que los mejores ciudadanos ocupan la
presidencia; pero donde las leyes no son soberanas, allí aparecen
los demagogos, pues el pueblo se erige en dirigente único, uno solo
formado de muchos, ya que muchos ejercen el poder, no
individualmente, sino colectivamente."
(ARISTÓTELES.
Política, 1292 a)
(Doble espacio) |