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Galeno puso la
sede de las tres actividades vitales del hombre en los sistemas
digestivo, respiratorio y nervioso. Sostenía que la parte útil de la
comida ingerida se transformaba en sangre venosa oscura. Las partes
de desecho de la comida pasaban al bazo, donde se transformaban en
bilis negra. El hígado era la sede de la vida vegetativa, siendo
allí donde se preparaba e infundía en la sangra venosa el espíritu
natural que controlaba la alimentación y el crecimiento del cuerpo.
Desde el hígado la sangre venosa era transportada por su motor, el
espíritu natural, a la cavidad derecha del corazón en virtud de un
movimiento en gran medida de una sola dirección. Galeno era
consciente de que las válvulas del corazón permitían la entrada de
la sangre venosa a la cámara derecha, pero no la dejaban salir,
mientras que permitían salir a la sangre de la cámara izquierda pero
no al revés. Con todo, estimaba que las válvulas del corazón eran
imperfectas, de modo que se daba un pequeño flujo hacia atrás de la
sangre desde la cámara derecha a las venas y de la sangre arterial
desde las arterias a la cámara izquierda.
Técnicamente el sistema de Galeno era
erróneo en diversos aspectos. Sostenía que el corazón era el
causante de la respiración, dado que el aire entraba en el cuerpo
cuando el corazón se expandía y resultaba expelido cuando se
contraía, y eso por más que el latido del corazón sea mucho más
rápido que el ritmo respiratorio. Por otra parte, la rete
mirabile (la base del cerebro, donde el espíritu vital se
transformaba en espíritu animal) no se encontraba en el hombre, si
bien resultaba notable en los rumiantes estudiados por
Galeno.
(MASON, S. F., Historia de
las Ciencias. 1. La Ciencia antigua, la ciencia en Oriente y la
ciencia medieval. Pp.73-76. Madrid.
1986)
(Doble espacio) |