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La medicina
clásica europea tuvo su origen en la Grecia clásica de los siglos VI
y V aJC. Su constitución fue posible gracias a la superación del
mito como forma de interpretar la naturaleza y la aparición del
pensamiento racional. Los griegos de esta época asimilaron
elementos procedentes de Egipto y Mesopotamia, así como de Creta y
otras culturas anteriores y vecinas dándoles un nuevo sentido. Por
ello, las primeras interpretaciones racionales de la naturaleza no
surgieron en las ciudades de la Grecia continental, sino en las
colonias periféricas, que tenían un contacto más intenso con dichos
pueblos. Las formularon los pensadores conocidos como presocráticos,
habitantes de las ciudades coloniales del mar Egeo o de Sicilia y el
Sur de Italia. El más antiguo fue Tales de Mileto que, para
interpretar los fenómenos naturales recurrió al agua como principio
fundamental. Otros presocráticos posteriores crearon acercamientos
científicos que luego han persistido a lo largo de los siglos, Por
ejemplo, los pitagóricos comenzaron a apoyarse en las matemáticas,
Demócrito de Abdera formuló la doctrina atomista y Empédocles de
Agrigento formuló la teoría según la cual todos los seres naturales
están compuestos por una mezcla en proporciones variables de cuatro
elementos de cualidades opuestas (agua, aire, tierra y
fuego). La aparición de la
medicina clásica griega fue el resultado de aplicar las doctrinas de
los presocráticos a la interpretación de los fenómenos observados en
los enfermos. Los escritos más antiguos en los que se refleja este
proceso, son unos fragmentos de Alcmeón de Crotona, médico que vivió
hacia el 500 aJC en estrecha relación con los pitagóricos. Sin
embargo, la gran fuente que nos permite conocer los comienzos de la
medicina clásica griega es la llamada Colección Hipocrática, reunión
de casi setenta libros atribuidos tradicionalmente a Hipócrates de
Cos. LÓPEZ PIÑERO, J.M.
La medicina en la Antigüedad. Madrid,
1985 (Doble espacio) |