|
MEDEA
Mujeres de Corinto, vengo a exponeros mi tremendo
dolor; no me acuséis de orgullo, no he abandonado mi
casa para mostrar ante vosotras mi arrogancia. Un mal
imprevisible me ha herido de muerte, ha matado mi alma. CORO
(con abatimiento, lento) Tantas desgracias han caído sobre
ti, que deseas morir. MEDEA Apenas conocí a un
hombre, le entregué mi corazón. Ahora le he conocido, es un
traidor, es mi marido, el peor de los hombres, repugnante, el
ser más desgraciado de los seres vivientes. CORO El más
miserable es la mujer. Somos esclavas que tenemos que llevar
dote para comprar al dueño de nuestro cuerpo. MEDEA Miente
y mil veces miente quien afirma que la mujer en su casa está más
segura que el hombre que combate en la guerra. CORO Es
bastante más sencillo empuñar una espada que parir un hijo.
MEDEA Por ser extranjera, debí aprender nuevas leyes,
nuevas costumbres, para satisfacer el placer del hombre que
yace junto a mí. Y el mal se aumenta cada día más por la duda
de una posible traición. Lo que digo, sin embargo, es
totalmente distinto para vosotras: si el dolor os abruma, acudís
a vuestro padre. Yo no tengo padre, ni hermanos, ni
parientes a quienes pedir ayuda, cuando me abrasa el dolor. No
tengo raíces y por eso mismo, mujeres de Corinto, os
hablo, para pediros un favor, algo que sé me
concederéis. CORO Has recibido de tu marido el peor y más
cobarde de los ultrajes. MEDEA Mujeres, oid mis quejas,
guardad con vuestro silencio este secreto. Dicen que la mujer
es tímida, que el ruido del hierro le asusta y teme a la
guerra. Pero cuando el ultraje llega a su lecho, tiene menos
corazón que una hiena hambrienta, y es capaz de matar. Quiero
vengnaza y, con ella, reparar el daño. CORO Es justo y te
ayudaremos, Medea. Venganza, sólo eso secará tus
lágrimas.
(EURÍPIDES.
Medea) Versión libre de Francisco Palencia
Cortés. (Doble espacio) |