Erina recuerda a Baucis

Tú saltas de los blancos caballos
y cabalgas locamente sobre las profundas olas,
pero yo grito con fuerza: '¡Ya te tengo, querida!'.
  Y cuando eras tú la tortuga
corrías dando saltos a través del gran patio.
Estas son las cosas que me entriscecen, y
me apenan, mi pobre Vaucis - son
pequeñas estelas, aún calientes, que cruzan
mi corazón - recuerdos de tí.
Pues nuestros pasados gozos son hoy cenizas.
  Cuando éramos niñas nos sentábamos en nuestros cuartos,
sin cuidado alguno, teniendo a nuestras muñecas y pretendiendo
que éramos novias. Recuerda - al caer la tarde-
la 'madre' que distribuía la lana
a las sirvientas, y que venía a llamarte
para que le ayudaras a salar la carne,
y qué miedo le teníamos cuando éramos pequeñas
a Mormo - que exhibía descomunales orejas,
caminaba a cuatro patas
y siempre estaba cambiando de cara.
Pero cuando subías a la cama de tu marido
te olvidabas de todas estas cosas,
y sólo oías lo que tu madr decía
cuando aún éramos unas niñas.
  Querida Baucis, Afrodita ponga el olvido
en tu corazón.(...) (ERINA)

(Doble espacio)

   

NOTAS:POMEROY, Sarah B. Diosas, rameras, esposas y esclavas : mujeres en la antigüedad clásica; traducción, Ricardo Lezcano Escudero. - [2ª ed.]. - Torrejón de Ardoz, Madrid : Akal, 1990. - 279 p. : il. ; 22 cm. - (Akal universitaria ; 104 Serie interdisciplinar) Bibliografía: p. 263-272. Indice DL M 34229-1990. - ISBN 84-7600-187-8