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Tú saltas de los
blancos caballos y cabalgas locamente sobre las profundas
olas, pero yo grito con fuerza: '¡Ya te tengo,
querida!'. Y cuando eras tú la tortuga corrías dando
saltos a través del gran patio. Estas son las cosas que me
entriscecen, y me apenan, mi pobre Vaucis - son pequeñas
estelas, aún calientes, que cruzan mi corazón - recuerdos
de tí. Pues nuestros pasados gozos son hoy cenizas.
Cuando éramos niñas nos sentábamos en nuestros cuartos, sin
cuidado alguno, teniendo a nuestras muñecas y pretendiendo que
éramos novias. Recuerda - al caer la tarde- la 'madre' que
distribuía la lana a las sirvientas, y que venía a
llamarte para que le ayudaras a salar la carne, y qué miedo
le teníamos cuando éramos pequeñas a Mormo - que exhibía
descomunales orejas, caminaba a cuatro patas y siempre estaba
cambiando de cara. Pero cuando subías a la cama de tu
marido te olvidabas de todas estas cosas, y sólo oías lo que
tu madr decía cuando aún éramos unas niñas. Querida
Baucis, Afrodita ponga el olvido en tu
corazón.(...) (ERINA) (Doble espacio) |