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Decía que
la única forma de convivencia ciudadana debía ser en armonía.
También que las mujeres debían ser comunes no llamándose matrimonio
nada que no fuera el hecho de que se unieran un hombre y una mujer
persuadiendo el hombre a la mujer y siendo esta persuadida
por él, siendo, según esto, también comunes los
hijos. (DIÓGENES LAERCIO. Diógenes,
6,72.) (Doble espacio) |