Cuando
encuentres los lugares que al ser tocados la mujer goza, no te
impida el pudor tocarlos. Verás sus ojos brillar con un fuego
vacilante, como brilla el sol desde el agua líquida. Aparecerán las
quejas, se producirá un suave murmullo y dulces gemidos y palabras
adecuadas al juego amoroso. Pero no permitas que vaya por delante de
tí ni con más pasión. Corred hacia la meta a la vez: entonces es
completo el placer cuando quedan rendidos a la vez la mujer y el
hombre. (OVIDIO. Arte de Amar, II,
719) |