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CREMES.-Luego ha subido a la tribuna un hermoso
joven, muy blanco y parecido a Nicias, y ha empezado por decir que
convenía entregar a las mujeres el gobierno de la ciudad. Entonces
la muchedumbre de zapateros1
empezó a alborotarse y a gritar que tenía razón; pero la gente del
campo se opuso vivamente. BLÉPIRO.-Y le sobran motivos, ¡por
Zeus! CREMES.-Pero eran los menos. En tanto el orador continuaba
vociferando a más y mejor, haciendo mil elogios de las mujeres y
diciendo pestes de tí. BLÉPIRO.-Pues ¿qué dijo? CREMES.-Ante
todo que eres un mamón. BLÉPIRO.-¿Y tú? CREMES.-No me
preguntes todavía. Además, un ladrón. BLÉPIRO.-¿Yo
solo? CREMES.-Sí, por cierto; y un delator. BLÉPIRO.-¿Yo
solo? CREMES.-Tú y también, por Zeus, todos esos. (Designa a los
espectadores.) BLÉPIRO.-¿Y quién dice lo
contrario? CREMES.-"Las mujeres, proseguía, están llenas de
discreción y dotadas de especial aptitud para atesorar; las mujeres
no divulgan jamás los secretos de las Tesmoforias; al paso que tú y
yo (añadía) revelamos siempre lo que tratamos en nuestras
deliberaciones". BLÉPIRO.-Y no mentía, ¡por
Hermes! CREMES.-"Las mujeres, continuaba, se prestan unas a otras
vestidos, alhajas, plata, vasos, a solas; sin testigos; y se lo
devuelven todo religiosamente, sin engañarse nunca, lo cual no
hacemos la mayor parte de los hombres." BLÉPIRO.-¡Por Poseidón!
es cierto, aunque haya habido testigos. CREMES.-"Las mujeres
jamás delatan ni persiguen a nadie en justicia, ni conspiran contra
el gobierno democrático." En fin que concluyó concediéndoles todas
las buenas prendas imaginables. BLÉPIRO.-¿Y qué se resolvió por
último? CREMES.-Encomendarles la dirección del Estado; es la
única novedad que no se había ensayado en Atenas. BLÉPIRO.-¿Eso
se decretó? CREMEs.-Sí, por cierto. BLÉPIRO.-¿De modo que
quedan a cargo de las mujeres todas las cosas que estaban antes a
nuestro cargo? CREMES.-Eso es. BLÉPIRO.-¿Y en vez de ir yo,
será mi mujer la que vaya al tribunal? CREMES.-Y tu mujer, y no
tú, será la que en adelante alimente a los hijos. BLÉPIRO.-¿Y no
tendré que bostezar desde al amanecer? CREMES.-No, por cierto;
todo es ya cosa de las mujeres; tú te quedarás en casa con entera
comodidad. BLÉPIRO.-Sólo una cosa es de temer para las personas
de nuestra edad, y es que en cuanto se apoderen de las riendas del
gobierno, no nos obliguen por la violencia... CREMES.-¿A
qué? BLÉPIRO.-A... hacerles el amor. CREMES.-¿Y si no
podemos? BLÉPIRO.-No nos darán de comer. CREMES.-Pues bien,
arréglatelas de modo que puedas... cumplir y
comer. BLÉPIRO.-Siempre es odioso lo que se hace por
fuerza. (ARISTÓFANES. La Asamblea de las Mujeres,
I) (Doble espacio) |