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Medea es una
princesa de la Cólquide. Se trata de una región en las orillas
del Mar Muerto (actual Georgia). Cuando Jasón se dirige
allí en busca del Vellocino de Oro Medea se enamora de él y
cometerá una terrible traición contra su propio padre para
salvar a Jasón. Medea es una mujer temible, es una hechicera y
utiliza sus poderes para ayudar a Jasón en su empresa. En
la historia de Eurípides Jasón, al llegar a Corinto, decide
casarse con Creusa, una mujer más "políticamente correcta".
Medea, enloquecida, jura venganza. Le regala un vestido
envenenado a la novia que hará que ésta se consuma abrasada al
ponérselo y acaba causando la muerte de sus propios hijos.
El reto de Eurípides y de Séneca, que retomará su historia
reelaborándola, es hacernos comprender de dónde viene esa
violencia ciega y desatada. Medea simboliza la mujer
traicionada, la víctima de la que Jasón se aprovecha cuando le
conviene y luego la abandona. Medea es también, en Corinto,
una inmigrante, una "sin papeles" que no puede pedir ayuda a
nadie. Los gobernantes de la ciudad le agradecen "sus
servicios a la comunidad" pero no están dispuestos a correr
ningún riesgo por ayudarla. Las mujeres de Corinto, en cambio,
si llegarán a comprenderla y ayudarla incluso en su
crimen. Como es habitual en la tragedia griega no hay
"buenos y malos". Medea comete un crimen terrible pero lo
importante es preguntarse ¿por qué? ¿qué culpa, qué
responsabilidad tenemos todos por esa violencia desatada? A
menudo la víctima se convierte en verdugo.
"Acudid ahora,
diosas vengadoras del crimen, acudid con la cabellera
prezada de serpientes, trayendo en vuestras manos
ensangrentadas la lúgubre antorcha. Dad muerte a la
nueva esposa, Y muerte al suegro y a la real
estirpe. Viva mi esposo, más ande errante por ciudades
ignotas, mendigando, desterrado, medroso,
aborrecido, sin un hogar estable, añorando en mí a su
esposa."
Eurípides y
Séneca. Versión de Francisco Palencia
Cortés.
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